Como el escribir me está haciendo evolucionar.

No necesito que desaparezca el dolor, porque ya no duele, no necesito dejar de recordar, porque son esos recuerdos los que me están dando una herramienta con la que poder aportar mi pequeño granito de arena para tratar de colaborar en lo que puedo.

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Navidad, triste Navidad

A medida que se acercaba la fecha, me hacia a la idea de lo que sería, de la fiesta, de la familia, de la ilusión, y a su vez, me preparaba para una nueva decepción, en mi mente ya no cabía la posibilidad de una Navidad en familia, o algo por el estilo, a lo largo de los años, mi aprendizaje me había hecho creer que la navidad a la que yo estaba destinada, era triste y solitaria.

Memoria selectiva

Recuerdo con 5 o 6 años, estar en una de las alas de internado, cerca de la capilla, sola, buscando a mi hermana, recuerdo llamarla por su nombre, sin recibir respuesta, recuerdo escuchar una risa que me recordaba a ella y empezar a moverme en esa dirección casi gritando su nombre. Recuerdo escuchar un sonido a mi espalda, recuerdo ver aparecer a un chico, uno de los mayores, que me daba verdadero pavor, porque todas las chicas del centro sabíamos lo que podía hacernos si nos encontraba solas, era su diversión, y no era ningún secreto

Llorar por soledad

Siempre había gente cerca de mi, y sin embargo estaba más sola que nunca. Durante mucho tiempo fue el propio miedo el que impidió que me abriera a nadie, el que me apretaba tan fuerte que casi me costaba respirar. Pero había algo más, algo que tardé muchos años en conseguir ver y ser consciente de ello.

Mi espina, mi hermana (Parte 2)

Pasó el tiempo, me dediqué a fortalecer la relación con mi hermano todo lo que pude, y a enfriar lo ocurrido con ella, y hacer como que nunca había pasado, y preferí dejarlo en mi memoria como un recuerdo mio, al menos uno bueno con ella, el único que tenía, como último regalo antes de marcharse para siempre de mi lado. Pero no podía estar más equivocada.