Un nuevo rumbo

Han pasado ya unos días desde que nos reencontramos, días que he utilizado para pensar, para asimilar, y sobre todo, para madurar todo lo que pasó, todo lo que hablamos, y toda la nueva información con la que ahora cuento, y es por ello que he tardado un pelín más en escribir.

Hace ya un par de semanas hablamos por teléfono por primera vez, y acordamos que a lo largo de la semana pasada me llamaría para vernos en persona. Los días se hacían largos y la llamada no llegaba. Llegado el fin de semana casi perdí toda esperanza y pensé que todo se quedaría ahí, que no volvería a llamar. Seguía sin saber exactamente que ocurrió hace más de 20 años, si solo fue una acogida temporal, una preadopcion con un nuevo abandono, y así me volví a sentir una vez más, abandonada. Pero me equivocaba, y el domingo sonó el teléfono, una conversación de apenas un minuto, para vernos al día siguiente en una cafetería. Ya habíamos acordado que el primer contacto fuera así, una cafetería, ella y yo solas, y poco tiempo, 1 hora escasa, tal vez sea por prudencia, o quizás solo por puro miedo, pero siendo un primer contacto, creí que sería lo mejor, y así lo hicimos.

Esa noche no pude cerrar los ojos sin tener una vez más pesadillas, el miedo superaba a la ilusión, a la curiosidad, haciendo que no pudiera apenas pensar en que quería preguntarle o en que quería contarle yo y que prefería reservarme. Y llego el día.

Llego la hora, y allí estaba yo, pequeñita una vez más, sintiéndome indefensa mientras caminaba hacia la puerta del bar donde nos encontraríamos, llegaba algo pronto para poderme sentar y respirar un poco antes de su llegada. Abrí la puerta y miré a la gente que había a mi alrededor, y la vi. Estaba en la barra pidiendo un café, nos miramos, y ambas dudamos, pero su sonrisa lo dijo todo. Me acerqué, y sin dudarlo un momento me abrazó muy fuerte, un abrazo de esos que no me gustan, y que sin embargo no rechacé, ni me resultó desagradable. Ya con los cafés en la mano, nos sentamos en la mesa y comenzamos a hablar.

Antes de nada, sacó un pequeño álbum con las fotos que tenía de cuando estuvimos juntos, lo pude ojear un poco mientras los recuerdos me venían a la mente de forma brusca, y sin casi ser consciente de ello, podía recordar muchos momentos que hasta entonces ignoraba que hubieran ocurrido. Hablamos un poco de como nos había ido la vida a lo largo de los años, de como estábamos actualmente. Y respiré, pude sentir un profundo cariño en sus ojos cuando me dijo que en todos estos años incontables habían sido las veces en las que se había preguntado si estaríamos bien, si habríamos acabado en una buena familia y si habríamos tenido un futuro, al menos, decente.

Quise pregúntale mil cosas, y no me salían las palabras, o mas bien no me atrevía a hacer las preguntas correctas, por miedo a no recibir las respuestas que quisiera escuchar. Fue ella misma quien empezó a contarme las cosas, y me sentí aliviada.

Me contó que desde el principio se dio cuenta que en nuestro expediente había cosas extrañas. Ellos esperaban uno o dos niños, pero les llamaron para los tres, y decidieron que tenían que seguir adelante. Se supone que entrabamos en régimen preadoptivo y que si todo marchaba correctamente, en un periodo relativamente corto podrían iniciar los tramites de adopción de los tres, todo de una forma extrañamente acelerada. Apenas paso un mes cuando ya veían que la situación era caótica e incontrolable.

Por una parte mi hermana, que entonces tendría unos 14 años, no ponía las cosas fáciles, era muy conflictiva y les despreciaba continuamente, ella solo quería un chalet con piscina y caballos con nuestra madre biológica, por otra parte estaba mi hermano, que hacia poco habíamos pasado por otra familia que en realidad solo le quería adoptar a él, y le trataban con un cariño excepcional del que mi hermana y yo no vimos ni las migas, y el solo quería regresar con ellos. Parece ser que yo era la única que dentro de la anormalidad de la situación, lo llevaba bastante bien. Dejaron que el tiempo fuera pasando con la esperanza de que todo fuera fluyendo, hablaron con varios psicólogos, con los servicios sociales, incluso con las monjas con las que habíamos estado en el internado, buscando una posible solución a aquella situación, pero nadie les dio alternativa alguna. Una psicóloga les recomendó que tratasen de luchar por mí, incluso se debió de llegar a plantear la opción de, a través de la asistenta social, hablar con la familia que quería adoptar a mi hermano y reubicarnos de ese modo, respetando una especia de régimen de visitas entre hermanos para no perder el contacto, buscándole así solo un hogar a mi hermana. Parece ser que habría habido posibilidad de hacerlo así, pero la propia asistenta fue la que se negó a separarnos, la misma que meses después de volver al internado, y de tratar de devolvernos una vez más con mi madre biológica, me hizo a mi tomar esa decisión. Aún pienso en lo absurdo de todo ello.

Llegó un punto en el que creyeron que la situación no tenía solución posible, nosotros no estábamos bien, y ellos tampoco, y consideraron que no podían seguir con aquella adopción, y acabamos de nuevo en el internado. A ellos no les permitieron intentarlo de nuevo.

Tal vez fuera una decisión cobarde el no intentarlo, pero no les culpo por ello, hoy lo pienso fríamente y se que haber seguido adelante habría sido un suicidio, pues era una situación insostenible, aunque en aquel momento les odiara, porque realmente, me habían abandonado de nuevo, pero hoy, les entiendo.

Hablamos por encima de una pocas cosas más que quedaron en el tintero, y dejamos mil cosas que hablar para una próxima vez, la próxima vez en que nos veremos todos, ellos dos, mi marido, mis hijas, mi hermano, y yo, pero por el momento, sigo viendo las fotos que ahora guardo con todo mi cariño.

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5 comentarios en “Un nuevo rumbo

  1. Hola cariño,me tienes llorando de emoción,de gratitud por tu generosidad al hacernos cómplices de tus emociones lo cual me ayuda a entender a mi hijo y a mi misma. Un beso

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  2. Gracias por tu honestidad en las palabras, somos familia de acogida de dos adolescentes hace ya un año, ahora que leo, las entiendo mucho mas, no les puedo cambiar el pasado, pero puedo ayudarlas a mirarlo desde lejos… gracias nuevamente

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