Los autobuses

Desde que mi hija mayor comenzó el colegio en septiembre, veo todos los días como un autobús pequeño llega y deja en el centro a cinco niños pequeños, uno de ellos del aula de mi hija, y como, cada día, son los primeros en salir, antes de que llegue la hora de salida, y montan de nuevo en el mismo autobús y se marchan. Hace unos días, otra madre me comentaba que serian niños que vienen de algún pueblo cercano que no tenga colegios o algo por el estilo, yo me quede sorprendida al ver que no era consciente de porque esos niños venían y marchaban todos los días acompañados de una cuidadora, pero supongo que yo lo soy, porque durante 5 años de mi vida, llegue al colegio del mismo modo.

Si, efectivamente, son un grupo de niños tutelados que estudian en ese centro, y que todos los días llegan con una persona que se encarga de ellos, y cada día que les veo, me recuerdan a mí, con su edad más o menos, entrando al colegio del mismo modo, sintiéndome señalada, porque a fin de cuentas, es algo visible. Siempre me he preguntado si habría otro modo de hacerlo, aunque sea por evitar que esos niños, que ya de por si cargan con mucho, tengan que manejar como puedan esta situación que inevitablemente les expone frente al resto, y deja en evidencia una situación que mucho no quieren que se conozca, ese al menos era mi caso.

Dicho así parece una tontería, llegar al colegio en autobús no debería ser algo que a los niños les preocupe, sin embargo yo recuerdo que llegaba el colegio muy avergonzada, y agachando la cabeza, porque en mayor o menor medida, todo el mundo sabía que los que llegábamos en ese autobús eramos niños que veníamos de un internado, sobre todo porque nosotros íbamos acompañados de una monja, por lo que no era muy discreto. De echo, varios años más tarde, coincidí con un chico del que yo no tenía conocimiento, pero que había estudiado conmigo en aquella época, y el me recordaba, según me dijo, porque era una niña, “de las que llegaba en el autobús”, eso, y porque una niña que saltara por las mesas del aula durante la clase no es fácil de olvidar.

Hoy me he encontrado en una situación frente a la cual no he sabido como reaccionar, mi hija, cuando ha salido del colegio, me ha preguntado a ver porque el niño que va a su clase llega en autobús todos los días y no le lleva su mamá, como a los demás. Me he quedado helada, y me han asaltado mil dudas, no solo sobre eso, pues me ha venido a la cabeza, que si no sabía bien como afrontar esa inocente pregunta, como reaccionaré el día que mi hija sepa que yo una vez, también llegaba al colegio en autobús, como le explicaré que siendo yo niña, viví en un internado hasta que llegué a mi casa. Como buenamente he podido en ese momento, le he dicho que hay niños que no pueden vivir con sus padres, y que tienen que vivir en unas casas con otros niños, y personas que les cuidan, hasta que pueden volver con sus papás, o con otros papás si los suyos no pueden hacerlo. Hoy me ha demostrado que es más ágil mentalmente que yo, y su contestación ha sido increíble: “¡Claro mamá!, ¿como los gatitos que se pierden de su mamá en la calle y luego la gente los adopta?”. Visto esto creo que nos irá bien.

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