Terrores nocturnos

Es increíble como aun con el paso de los años hay cosas que siguen recordándonos lo que no queremos, como en el momento de mayor vulnerabilidad, el momento en el que mas paz deberíamos encontrar, nos vemos de frente otra vez con nuestros monstruos, con los fantasmas del pasado, que no se cansan de recordarnos lo que muchas veces queremos olvidar. Nunca he sido amiga del sueño, me gusta estar en la cama, descansar, pero por desgracia, no son muchas noches las que puedo hacerlo de forma agradable, el insomnio y las pesadillas recurrentes ya se encargan de ello. Pero quiero empezar por el principio.

Desde bien pequeña ya tengo recuerdo no poder dormir bien, estando en casa de mi madre, recuerdo las noches de gritos de mi madre que me asustaban y no me dejaban conciliar el sueño, o me despertaban del modo más abrupto, sus broncas y discusiones, o simplemente su estado no eran lo mas adecuado para un ambiente tranquilo donde poder dormir. Poco después, en el internado, la cosa no era mucho mejor, dormíamos varios críos bajo el mismo techo, independientemente de la situación de cada uno, entre los gritos de las pesadillas de unos, los llantos de pena y dolor de otros, el frío, si coincidía que estábamos en invierno… era imposible. Puedo recordar aún la música que cada noche nos ponían las monjas en el casete, una cinta de canciones religiosas infantiles, noche tras noche, tras meternos miedo una vez más para que no nos levantásemos de la cama. Todas las noches nos recordaban que si nos portábamos mal, y nos levantábamos de la cama, vendría alguien a hacernos algo, a veces era el monstruo del armario, el coco, el de debajo de la cama, el que entraría por la ventana… tenían un gran repertorio de cosas con las que asustarnos. En mi caso, además, tenia la mala suerte de dormir en la cama más próxima a la ventana que comunicaba la habitación con el dormitorio de la monja que se encargaba de nuestro grupo, lo que significaba que cualquier ruido o salida de tono que a ella le molestara, me iba a afectar a mí, porque se asomaba desde la misma, y en el mejor de los casos daba un grito que nos dejaba petrificados.

Tras cada visita en casa de mi madre, en la que se repetían los abusos, volvía a tener una temporada de pesadillas. Puedo recordar una muy recurrente, que aún con el paso del tiempo la sigo teniendo de vez en cuando, una pesadilla en la que soy una niña pequeña, asustada en el jardín que había en el internado, la hierba está especialmente alta, tanto que no alcanzo a ver por encima de mi cabeza, se oye una cortacesped, en algún lugar, y empiezo a correr, huyendo de ella. Siento que me persigue, que la tengo detrás de mí, y corro lo más rápido que mis piernas me permiten, aunque caigo constantemente. Llega un momento que me paro, doy media vuelta y de forma tranquila, soy yo quien ando hacía la maquina que me busca, y cuando se echa sobre mí, me despierto agitada y sudando, y rompo a llorar. Nunca he sabido que significa nada de ese sueño, pero es uno de los que se repiten de forma habitual.

Otra de las épocas especialmente malas fue tras la devolución que sufrimos por parte de la familia que se supone que quería adoptarnos y al de unos pocos meses nos devolvieron al centro sin que nadie nos diera explicación alguna. Las noche de pesadillas se entrelazaban con las de llantos desconsolados, en los que trataba de entender que era lo que había hecho yo tan grave como para merecer todo lo que estaba viviendo, sin hallar nunca respuesta a mi pregunta.

Cuando llego la adopción podíamos suponer que tras un periodo mas o menos largo, me acabaría adaptando y dormiría bien. Al principio me negaba a dormir, y tan solo lo hacia cuando mi cuerpo no resistía los largos periodos son descanso y caía rendido. Mis padres tuvieron que recolocar los muebles de la habitación para alejar la cama de la ventana, porque aunque yo no dijera nada, pudieron ver que me daba miedo dormir cerca de la misma. Cada noche, de forma casi obsesiva cerraba todas las puertas, ventanas, cajones, persianas… para sentirme algo más segura en un entorno lo más impenetrable posible. Poco a poco empece a dormir.

Durante algún tiempo eso funcionaba, no dormía apenas, pero estaba tan cansada que cuando lo hacía, no podía soñar, no era lo más sano, pero era preferible a las pesadillas. Poco después la psicóloga me convenció de que era mejor descansar y dejar que los sueños salieran, que me ayudaría a enfrentar lo que estaba intentando encerrar dentro de mi y no me estaba permitiendo avanzar. Comencé durmiendo poco, y los ratos de sueño se mezclaban con imágenes semiconscientes, que eran más torturadoras de lo que cabría esperar. Tras las primeras llamadas de mi hermana, recuerdo una noche que no creo que sea capaz de olvidar nunca, estaba dormida, no recuerdo que estaría soñando, y me desperté algo alterada, tenía la sensación de estar escuchando una melodía de piano, y empecé a ver algo delante de mí, durante unos instantes creí estar viendo la imagen de una mujer, idéntica a mi madre biológica, pero en una versión de ella sana, que transmitía paz, vestida de blanco, casi fantasmal, tocando un gran piano de cola. Cuando por fin desperté del todo, obviamente eso no era mas que un reflejo de lo que estaría soñando en ese momento, pero por un instante fue tan real, lo estaba viendo y escuchando, que me guardé ese recuerdo que a veces me reconfortaba.

Por aquella época veía varias veces la película de Anastasia, y me sentía identificada con ella en cierto modo, me hacia llorar, y sufría mucho con ella, pero no podía evitar verla de una forma compulsiva. Hay una escena en la que poco después de salir del orfanato, vuelve al castillo, y recuerda. Mil veces se ha recreado esa escena en mis sueños, en el que yo vuelvo al internado, en ruinas ya, y veo a quienes formaron parte de mi vida entonces, en el comedor. Aún lloro cuando escucho esa canción y sigo recordando esa imagen con la que tantas veces he soñado. (Dejo un enlace para quien quera ver a que escena me refiero).

Poco después empecé a soñar con muerte, y aun sueño con ella.

Sueño que mi hermano se está ahogando delante de mí, en una piscina, que lo estoy viendo, pero que no puedo ayudarle, por algún motivo, estoy inmóvil delante de él, viendo como la vida se escapa de su cuerpo sin que yo haga nada por evitarlo. Sueño que estoy en un restaurante con mis padres, comiendo tallarines, que mi madre se empieza a ahogar con uno, que trato de ayudarla, pero mi padre me dice que me siente, que hasta que no termine de comer no me puedo levantar, mientras que en camarero sigue echándome comida en el plato y yo trato de comer lo más rápido posible. Sueño con relojes que no avanzan, o que sus agujas van a la contra, sueño con precipicios sin fin por los que caigo hasta despertar, sueño que conduzco un autobús con toda la gente que quiero en el mismo, sin frenos, sin luces, en una noche oscura y que no puedo controlarlo, sueño que lloro sobre una tumba, y que cuando levanto la vista esta escrito mi nombre.

¿Como dormir cuando temes la oscuridad, y a la vez es lo único que te hace sentir segura? ¿Como descansar cuando todo lo que pasa por tu cabeza te atormenta?

Aún sigo durmiendo en el lado de la cama que más alejado está de la ventana, sigo cerrando a cal y canto cada puerta, cada armario, cada cajón, antes de irme a dormir, aún sigo bajando la persiana hasta que no queda la mínima holgura por donde pueda entrar ni la más mínima luz, y aún sigo durmiéndome esperando que esta noche no sea de tormenta.

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