Hijos de segunda mano

Pido que os cuestionéis que sentiríais si tras nacer, tras tener unos padres, una familia, o hermanos, o un hogar, unas raíces… en definitiva, una vida, os dejasen tirados, abandonados, para acabar pasando, de forma de un modo casi obligado, parte de otra familia a la que no conocéis, de la que no os sentís miembro, que no habéis podido escoger, simplemente os la han impuesto, y vuestra decisión y opinión en realidad no vale nada, porque será esa familia quien decida finalmente si “se queda con el niño”. Pensad, reflexionad al respecto, y si no supierais que estoy hablando de una adopción de un niño, ¿En que pensaríais? ¿En animales? ¿En objetos?

No quiero cuestionar a nadie, ni los motivos ni las formas de como se haya llevado a  cabo ninguna adopción concreta, no ese mi propósito, pero si quiero que se entienda como nos hemos podido sentir quienes hemos caminado por la carretera difícil de la adopción, los que no hemos escogido estar en esta escena de la película, y que desgraciadamente acabamos en la primera linea de los créditos, y que independientemente de los motivos y motivaciones para adoptar un niño, que pueden pasar desde el puro egoísmo de querer ser padre a toda costa a un modo de altruismo desinteresado donde solo se quiere dar lo que se pueda a un menor desamparado sin buscar nada a cambio, al margen de eso, los adultos deciden, los futuros adoptantes, deciden adoptar, las instituciones determinan que niños pasan a adopción y cuales no, y asignan que niño va con que adoptante. Pero ¿y el niño? El niño no decide NADA, tratándose de su propia vida, el niño debe asumir lo que le toca, debe aceptar separaciones, debe aceptar la violencia, que lo es, de verse obligado a vivir con personas que no conoce, con todas las cargas emocionales que eso supone, más las que arrastra de  un pasado traumático. Pero nos preocupamos de los adultos que no pueden ser padres…

Ahora hablo como adoptada, como abandonada y reutilizada. No soy un cacho de cartón o de plástico que se recicle, pero muchas veces me he sentido así, usada.

Usada por una madre biológica, que no nos quería, pero que tampoco quería que acabásemos siendo dados en adopción, aunque creciéramos encerrados en un centro de acogida, porque mientras ella mantuviera nuestra patria potestad, mientras siguiera fingiendo que quería recuperarse y recuperarnos, seguía recibiendo ayudas, especialmente económicas, que eran las que le interesaban, que debían, la menos teóricamente, ser utilizadas en mejorar su estilo y calidad de vida, para poder hacerse cargo de nosotros y volver a ser algo parecido a una familia. Usada por una madre que solo veía en nosotros una fuente de ingresos muy cómoda, porque ella no tenía que hacer absolutamente nada pasa seguir cobrando a nuestra costa, somo si fuéramos algún tipo de mercancía.

Usada por un sistema que prima la necesidad de unos adultos por ser padres, por cumplir “su sueño” de formar una familia, pero eso sí, con condiciones, que todos no quieren un niño que supere la etapa de bebé, porque ya es mayorcito, porque ya tiene pasado, porque será más complicado… Usada por un sistema que no está pensado para cubrir las necesidades reales de un niño desamparado y sufrido, ni antes, ni durante ni después de la propia adopción, viendo el proceso como un mero trámite para llegar a un fin en el que presuponen que las heridas quedarán curadas y todo serán familias felices y niños que deberían estar agradecidos de haber tenido “la suerte” de haber tenido una segunda oportunidad.

Y ante este bonito panorama, me siento, y pienso, ¿en que momento yo he pedido formar parte de esto? ¿en que instante dije que quería ser parte de un sistema obsoleto y fracasado, que olvida el sentido real de una adopción, el sentido de proporcionarle a un menor desamparado un hogar permanente, dando paso prioritario a las necesidades adultas frente a las necesidades básicas de los niños en adopción, de mis necesidades? Porque es evidente que nadie veló por mi, por mis derecho, ni mis intereses, que me dejaron a la deriva con una mala madre que nunca hizo nada por mi, que me encerraron durante años en algo más parecido a un infierno terrenal que a un hogar, y que auguraba ser mi destino y condena, que me regalaron cuando ya no supieron que más hacer conmigo, sin dejarme siquiera decidir o al menos conocer algo más que dos formales visitas, a quienes serían mis futuros padres, rebajando mi vida a una segunda categoría, menos digna, menos valiosa, y haciendo que sintiera que era más objeto que persona.

Y así, como una pelota que nadie quiere y va de mano en mano, como un juguete viejo, usado y estropeado, heredado por alguien a quien, tal vez no le importen las heridas, ni los harapos, ni los remiendos en un corazón herido, marchitado por años de sufrimiento injustificado, provocado por la dejadez y abandono de quien no supo querer. Y así, sin pedirlo, sin quererlo, acabé siendo una vida de segunda mano.

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5 comentarios en “Hijos de segunda mano

  1. Hola mi vida tiene que ver con la misma historia a qui contada. Y si no soi el hijo. ..e paticipado. .En la parte de una adocion. ..surge de la intecion de a yuda. .al bien común de las dos partes. …

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