Perdón 

Cuando vives sintiéndote culpable por tantas cosas que te cuesta avanzar, cuando crees que cosas que quedan fuera de tu alcance son culpa tuya, cuando no logras pasar página del todo y salir de una espiral auto-destructiva, es entonces cuando debes parar. Parar para meditar, para reflexionar tranquilamente y colocar cada idea en el sitio que le corresponde, para poder perdonar, y para pedir perdón, para poder dejar atrás eso que tanto daño hace. Yo aún tengo demasiado que perdonar a muchas personas, pero también me siento “obligada” a pedir ese perdón para mi, para poder quitarme parte de la carga que llevo en mi espalda y liberarme.

Aunque se que la primera persona que actuó mal en todo esto fuiste tu, siento la necesidad de empezar por ti. Perdón madre, te pido perdón, aunque parezca absurdo, por no haber sido suficientemente buena para ti, por no ser suficiente para darte el aliento, la fuerza y el empujón que tal vez hubieras necesitado para salir del pozo en el que estabas metida, y hacerte cargo de nosotros. Se que no fue mi culpa en realidad, y que no era mi responsabilidad, si no la tuya, pero aún así, me siento culpable. Perdón por no ser la hija que habrías necesitado para salir adelante, para superar tus problemas, tus vicios, y seguramente tus miedos a afrontar la realidad. Yo a ti ya te he perdonado. Perdóname también por no querer, no poder, ni ser capaz de mantener una relación ahora, lo siento muchísimo, pero soy incapaz, es algo que me produce demasiado dolor. Los siento.

Si hay alguien a quien siento que debo pedir perdón es a ti Tati. Perdón Tati, perdón. Nunca sabré como podrás perdonarme, o si podrás hacerlo, cuando yo misma no puedo. Tras muchos años tomé la decisión de alejarme de ti, porque soy consciente de que tu condición es irremediable ya, y que solo puede traerme desgracias. Perdón por alejarme de ti. Durante años me culpaste de nuestra adversidad, por el simple hecho de haber nacido, siempre relacionaste mi nacimiento con el declive de nuestra teórica estabilidad temporal, estabilidad que en realidad nunca existió, aunque tu te negaras a verlo. Por ello nunca me perdonaste, y con ello nunca fuiste capaz de avanzar, de desbloquear tu mente y olvidar, o al menos superar parte de las perdidas que sufrimos. Tras las adopciones tu no fuiste capaz de asentarte, no pudiste entender la gravedad de lo que habíamos dejado atrás, y te quedaste ahí, congelada en un pasado irreal, en una idea que únicamente existía en tu imaginación, y por la que aún sigues luchando. Luchando por tratar de unirnos de nuevo, y por ser la familia que siempre deseaste que fuéramos, y que no puedes, no sabes o no quieres aceptar que no es posible. Durante muchos años traté de estar a tu lado, traté de hacerte ver la realidad, traté de que entendieras lo que había ocurrido, pero no lo logré. No conseguí que vieras que esa familia nunca existió, ni que aceptaras tu nueva realidad como una oportunidad de tener una buena vida, perdóname por ello, perdóname por no conseguir que abrieras los ojos. Llegó un momento en el que la situación era inestable, en la que ya la integridad emocional mía pendía de un hilo, y no pude hacer más que alejarme de ti, porque sentía que me estabas hundiendo contigo. Tu actitud hacia mí y hacia mi familia se volvió agresiva, amenazante, y tomé la decisión. Perdóname si fui cobarde, perdóname si tal vez debí permanecer más tiempo a tu lado, pero de corazón te digo que ya no pude más, ya no pude hacer nada más por ti.

A ti mi niño, mi pequeño, perdóname por tener que tomar la difícil decisión de separarnos para poder ser adoptados antes de que fuera demasiado tarde, mil veces te he explicado que no me quedó más opción que hacerlo así, que no podía hacer otra cosa, por el bien de todos. Nunca sabremos lo que habría crecer juntos, como hermanos, porque esa oportunidad nos la arrebataron, no pudimos ser lo que en realidad eramos y somos, hermanos, aún llevando la misma sangre en nuestras venas, tuvimos que dejar de serlo. Nada habría deseado más que poder crecer juntos como tal, y no tener que vernos como si de parientes lejanos estuviéramos hablando.  Aún recuerdo la rabia que me daba el estar por la calle, y por evitar explicaciones, por evitar la vergüenza… decíamos que eramos primos, o amigos, pero nunca hermanos. Recuerdo que me preguntabas el motivo por el cual los demás hermanos vivían juntos, y nosotros no. Nunca supe contestarte. Perdóname mi niño, perdóname tú, y quizás algún día pueda hacerlo yo también.

Y a mis padres, lo siento. Siento el daño que os hice, que se que fue mucho, muchísimo más de lo que mucha gente habría sido capaz de soportar. Los primeros años en casa os traté como desconocidos, como enemigos. Traté de alejaros de mi emocionalmente, fui egoísta, lo se. Solo quería quedarme en casa por no volver al infierno del que venía, pero tampoco quería tener lazos afectivos con vosotros, por miedo. Miedo al abandono, al rechazo. No podía permitirme sentirme hija de nadie, porque eso me volvía vulnerable y frágil. Lo siento, aunque me habría gustado que las cosas hubieran sido de otro modo, no podía. Se que con esa actitud sufrimos todos durante años, y que no fue justo para ninguno. Ahora solo puedo pediros perdón una vez más.

Pero si hay alguien a quien debo pedir perdón, es a mi misma, porque mi sentimiento de culpa es más grande que de lo que pueda culpabilizar a nadie, aún sabiendo que no hay nada que justifique que me sienta así. Perdón. Perdón por no ser capaz de avanzar sin dejar atrás lo ocurrido, por seguir arrastrando el lastre de un pasado oscuro que aún me persigue cada día y no me permite ser feliz sin peros. Perdón por no permitirme llorar cuando lo he necesitado, no quería sentirme débil, no podía permitírmelo. No podía llorar, por no infantilizar sentimientos que aún guardo, y con mi silencio, solo he conseguido no desahogar el dolor que acumulo en mi interior, que se pudre y me pudre a mi también. Perdón por sentirme culpable de tantas cosas que racionalmente se que no tengo culpa alguna, sin embargo no dejo de culparme por ellas, y yo misma me ato, me asfixio. Perdón por ser tan auto-destructiva, por dañar mi integridad física y psicológica durante tantos años, castigándome por cada error, por cada piedra con la que he tropezado, hasta hacer pedazos mi alma. Se que algún día aprenderé a no dañarme a mi misma, del mismo modo que aprendí a no dañar a los que me rodean, y ese día podré mirar de frente, sin sentir que debo pedir más perdón a nadie.

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6 comentarios en “Perdón 

  1. Te comprendo Nabi, no voy a insistir en lo evidente, es a ti a quien tenían que pedir perdón.Y por supuesto tu elección es la adecuada, pero fíjate no solo para ti sino también para Tati, a ver si es capaz de salir de su autoengaño. Por lo que leo tienes un hermano con el que tienes contacto pero que no habéis vivido juntos. Y probablemente vuestra relación es más intensa que si esto hubiera sucedido, podría ser. En mi familia “la buena” nos vemos poco y nos queremos mucho, de hecho esto no ha perjudicado la relación, diría que la ha mejorado. La dichosa culpa, lo comprendo muy bien… y como acto simbólico voy a conjurarla esta tarde de la manera más frívola de la que sea capaz. Un beso cariño.

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    1. Gracias Blanca, Tati no se si podrá llegar a salir del ensimismamiento en el que se encuentra, la verdad que no lo creo, por desgracia, pero es así. Con mi hermano nos vemos poco, pero tenemos una relación muy buena, desde luego.

      La culpa, la dichosa culpa…

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