Mi nombre, mis apellidos, mi identidad

Antes de empezar, quiero lanzar una pregunta al aire que nos haga reflexionar, ¿Cambiaríais vuestro propio nombre por comenzar una nueva etapa en vuestra vida? Así, sin más motivo ni razón, ¿lo haríais? Supongo que la respuesta es que no, al menos eso me dice a mí la lógica. Y siendo esto así, yo me pregunto, ¿Porque se plantea esa opción cuando se trata de adoptar a un niño? ¿En que mentalidad cabe que despojar a un menor de lo poco que le queda de su propia identidad pueda ser inocuo para su desarrollo?

A mí decidieron no cambiarme el nombre cuando llegué a casa, pero es una posibilidad que les ofrecieron a mis padres cuando me adoptaron, al menos ellos pensaron que con 9 años ya no tenía mucho sentido hacerlo, yo pienso que lo que no tenían era ningún derecho, ni ellos a hacerlo, ni a nadie ofrecérselo, porque el nombre es mio. Y si, hablo de derechos, y no los de los padres, sino de los de los niños. Derechos que son pisoteados, que son ignorados, que son olvidados, porque no entiendo la necesidad de cambiar de nombre a un niño. ¿Acaso importa si se llama Maria o Ana, David o Carlos? Claro que importa, mentiría si dijera lo contrario, el nombre importa, pero se equivocan de persona al preguntar, porque no es a los padres a quienes debería importarle, sino al niño. Su nombre forma parte de él, o de ella, de su propia identidad. En un tiempo corto se le arrebata todo, para pasar a una realidad completamente nueva, con unas personas ejerciendo de padres a las que ni siquiera conoce, en un lugar nuevo, lejos de todo. Cambiarle el nombre es como decirle que ya no es él, como decirle que es propiedad de otra persona, y que puede hacer y deshacer con su vida lo que quiera sin consultarle siquiera.

Con los apellidos es algo más complicado, entiendo que por motivos administrativos y demás sea conveniente modificaros, pero no es fácil de llevar. Durante los primeros 2 años en los que pase con mi familia, yo aún mantenía mis apellidos, los de mi familia biológica, con los que había crecido 9 años atrás. La verdad que era un poco engorroso a veces, por tener que dar demasiadas explicaciones y por dejar en evidencia la situación delante de gente cotilla que se mete donde no le llaman, porque no es habitual que un hijo no tenga los apellidos de sus padres. Pero aún así, eran MIS apellidos, y de nadie más. Nadie me preguntó si yo quería cambiarlos o conservarlos, nadie contemplo la posibilidad de que eso era de lo poco que quedaba de mi pasado que no fueran recuerdos, simplemente mi opinión no existió o nadie creyó que yo pudiera opinar. Y así llegó el día en el que oficialmente me pusieron los apellidos de mis padres, día para ellos de felicidad, por fin era oficialmente SU hija. Aún recuerdo a mi madre preguntarme si yo estaba contenta, porque ya era “su hija de verdad”. Preferí fingir. Preferí hacer como que estaba encantada, con una sonrisa en mi cara tratando de esconder la realidad.

Es bastante complicado explicar como me pude sentir ese día,  los motivos por los que no lo exprese entonces. Sentí que una parte de mí había desaparecido entonces, me habían quitado un trozo mi identidad, aunque no fueran conscientes de ello, me arrancaron una parte de mi. Durante 11 años yo era una persona, un muy concreta, con nombre y apellidos (nunca mejor dicho), y de repente ya no, ya no era la misma, ya no era mía. Me quede con el sentimiento de que desde ese día ya no tenia “derecho” a ser yo, a ser la que había sido hasta entonces, porque ya era SU hija. Recuerdo que hasta entonces siempre me había dirigido a ellos por su nombre, no les sentía mis padres, pero desde ese momento, en mi cabeza, al tener sus apellidos,  empece a pensar que como ya eran mis padres y como me habían dado un hogar, les debía algo. Empece a obligarme a mi misma a llamarles papa y mama, cuando no lo sentía, me obligue a dejar atrás cosas y hacer como que ya no existían. Fue una mala época.

No dije nada, nunca dije nada, ni a bien ni a mal, solo lo deje pasar, por miedo. Miedo a que pensaran que era una desagradecida, miedo al rechazo, miedo incluso a una nueva devolución aún teniendo los apellidos. Callé una vez más para evitar que las cosas se complicaran.

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18 comentarios en “Mi nombre, mis apellidos, mi identidad

  1. Tengo una hija qué ahora tiene 13 años la adopté con 2 y al ser tan pequeña no recuerda nada, me ha gustado leerte y saber lo qué piensas me hace reflexionar

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  2. Tengo una hija qué ahora tiene 13 años la adopté con 2 y al ser tan pequeña no recuerda nada, me ha gustado leerte y saber lo qué piensas me hace reflexionar.

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  3. Hola , escribes muy bien, me encanta ,
    Nos ayudas mucho a los que estamos al otro lado, nosotros estamos tramitando el cambio de nombre a mi hija, era un bebé cuando llegó y lo hacemos con pena y miedo por si en un futuro nos lo recrimina , pero con todo el amor y lo que la queremos, lo ultimo es dañarla, ni despojarla que su identidad, pero el único motivo es porque no es un nombre corriente, hemos hecho una búsqueda y no hay otra persona con el mismo y tenemos mucho miedo a que la encuentren y nos extorsionen o la puedan perjudicar, nosotros somos buenas personas y sin antecedentes pero sus orígenes vienen de otro mundo con el que no sabemos enfrentarnos. Cuando sea mayor y el peligro haya pasado la ayudar si es su deseo cambiárselo o incluso contactar con un origen remotamente diferente al nuestro. Igual esta explicación no le sirve pero entonces le pedire disculpas y la ayudare. De verdad que solo queremos protegerla, a ella y a sus dos hermanos

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  4. Yo tengo dos hijas a una le añadí un nombre español para que no tuviera problemas y a la otra ser lo mantuve. A ninguna de ellas las quité su nombre porque como tu piensas es parte de su vida anterior. Con lo de los apellidos no estoy del todo de acuerdo creo que es un tramite necesario a nivel legal y a lo mejor el fallo es que tus padres no te le hayan sabido trasmitir.

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    1. Entiendo que el trámite de los apellidos, tanto por tema de papeles como por evitar explicaciones. Y nis padres si me lo han sabido transmitir, simplemente yo tenia edad para ser consciente de todo, y aun no estaba preparada para ese momento

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  5. Hola

    Leyéndote me planteo si podía haberle mantenido el nombre a nuestro hijo. Vino con 18 meses. Ya respondía a su nombre y a su diminutivo ruso. Al principio, antes de conocerle, pensamos mantenérselo. Pero luego nos resultó muy complicado. Habría que haberlo deletreado día sí y día también. Nos pasó con nuestro anterior domicilio Schumann. Aún deletreando venía en cada carta de una manera. Agotador. Por otro lado da mucha información a quienes la pueden usar en vuestra contra. En casa le decimos cuál era su nombre de pequeño. Y el significado. Leyéndote me abres la mente. Me cuestiono si hice bien. Si en un futuro quiere recuperar su nombre lo aceptaré encantada. Un abrazo.

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    1. Hola Isabel, yo tengo mi opinión, pero tu más que nadie sabes los motivos por los que decidiste cambiárselo, y si esos motivos estaban justificados. ¿Tal vez dejarle el suyo como segundo nombre habría sido mejor? Eso no lo se.

      Un saludo

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  6. A nosotros el tema apellidos nos está preocupando. Mi hija tiene 5 y él 4. Llevan 15m con nosotros y aún estamos con los trámites de la adopción. A ella todo parece afectarle, a él no, su guerra no es el pasado, pero para ella si.
    Ella ansía el cambio de apellidos, pero me prepcupa que sea solo por agradarnos y está todo el día dando explicaciones en el cole.
    Trabajaremos con ella mucho lo que dices, su identidad es muy importante.
    Gracias de nuevo.

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    1. Cada crío es diferente, hay que cuidar mucho el mensaje que les transmitimos, porque si empiezan a hacer las cosas por agradar… Mal vamos te lo digo por experiencia. Poco a poco podrá expresarse mejor. Mucha suerte.

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  7. ¿y cómo sabemos los padres cuando nuestros hijos hacen algo por agradar? Perdóname, pero sois muy listos, increíblemente listos para detectar que quieren de vosotros los adultos y para adaptaros a nuestros deseos, a veces deseos inconscientes. Se el por qué de ello, lo que no se es cómo evitarlo. Creo percibir todo lo que dices en mi hija, pero tampoco se si es así. Sentir agradecimiento hacia nosotros me parece terrible, tóxico, destructivo, doloroso. Ni idea de cómo hacer, cómo actuar para que esto no sea así. A mi hija le hablo sobre que sea ella misma siempre, tanto si me gusta la mi como sino. Siempre que sea ella misma. Se sonríe y me abraza. Conozco a una chavala que sus padres han mantenido sus apellidos, contra viento y marea, por lo que dices y ha crecido convencida de que si se los mantenían era porque no la sentían tan hija como para darle los apellidos de sus padres adoptivos. Y, por supuesto en silencio. No es capaz de decirles eso a sus padres. Este tema (el agradar) me preocupa muchísimo.

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    1. Es un tema complicadísimo, y si, reconozco que tenemos una capacidad muy desarrollada para ocultar nuestros sentimientos, supongo que por pura supervivencia. Probablemente muchas cosas no te dirá, pero creo que lo único que puedes hacer es respetar sus decisiones en ese aspecto, y transmitirle que no te va a decepcionar ni a dañar a ti, que se sienta libre de ser quien es, sin condiciones.

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  8. Hola Mulyo Nabi:

    Me gustaría agradecerte de nuevo el regalo que supone para muchas madres y padres poder acceder a este blog tan personal. Te escribo de nuevo para contarte que, después de leer esta entrada, y coincidiendo con una etapa en la que estamos muy cerca del cambio de apellidos de nuestro hijo de 9 años (después de dos años y medio de acogimiento preadoptivo), él parece cada día más preocupado por el tema. Desde del inicio del proceso ha sufrido una evolución con respecto a ese cambio, pasando de ni querer oir hablar del mismo a preguntar constantemente cuándo le van a cambiar los apellidos por fin. Yo creo que esto último se debe más a una voluntad de agradar que a su deseo real. Entonces, como ahora se acerca el momento, le dije que aunque hiciéramos el cambio, conservaríamos su DNI actual con su nombre intacto como recuerdo y esa idea le gustó mucho. Se me ocurrió justo después de leer esta entrada de tu blog y quería decírtelo. Creo que mi hijo se sintió muy bien porque me dijo con una enorme sonrisa: “¡Qué bien me conoces, mamá!… ¿cómo sabías que me gustaría guardarlo?”.

    Un abrazo.

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